- Este callejón desemboca a un lado del Parque de Los Berros
Descubre la escalofriante leyenda del Callejón de la Calavera en Xalapa. Una historia real de celos, alcoholismo y un crimen que marcó para siempre las calles cerca del Parque de Los Berros.
Muy cerca del Parque de Los Berros, donde el aroma de los pinos se mezcla con el rumor de las fuentes, se extiende una calle empedrada de piedras gastadas por el tiempo. Los xalapeños, con esa mezcla de temor y fascinación que despiertan las viejas historias, la conocen como el “Callejón de La Calavera”.
El origen de la leyenda
Se dice que en una casa de aquel callejón vivió hace años un matrimonio que se llevaba muy mal debido al alcoholismo del marido.
Una noche, como tantas otras, el hombre llegó borracho a su casa, donde lo esperaba enfurecida su mujer por ciertos rumores sobre su infidelidad. Cuando el esposo le pidió de cenar, ella lo atendió de mala gana y le dijo que mejor se fuera a dormir. Es más: salió a la calle a comprarle una botella de licor, no por compasión, sino para que bebiera más y se durmiera pronto.
El crimen que marcó la ciudad
El hombre bebió sin sospechar nada. Pronto, su respiración se volvió pesada y los primeros ronquidos rompieron el silencio de la casa. Loca de celos, la mujer se fue al patio, buscó entre las sombras hasta encontrar un hacha y regresó con la obsesión de cortarle la cabeza; efectivamente, así lo hizo, quedando las cobijas con marcas de sangre.
Con frialdad, envolvió la cabeza en una manta y la guardó en un tenate con cal. Después metió el canasto debajo de la cama y enterró el cuerpo en medio de la pieza.
El descubrimiento y el nombre eterno
Pasaron los días y, como los vecinos no veían a la pareja, avisaron al propietario de la casa que nadie veía salir a los inquilinos. Por lo tanto, dieron cuenta a la policía, quien después de una revisión, encontró el tenate con el cráneo y el cuerpo sepultado, pero ya en estado de descomposición.
El crimen conmocionó a la ciudad. Los vecinos, los curiosos, todos hablaban de lo ocurrido. Y fue así como aquella calle empedrada, antes anónima, quedó marcada para siempre con un nombre que aún hoy eriza la piel: el Callejón de La Calavera. Nombre con que se le conoce hasta nuestros días.




